El largo cuello de las jirafas

El largo cuello de las jirafas

Hace 20 millones de años, los ancestros de las jirafas modernas no tenían el cuello tan largo como las especies actuales (de unos dos metros de longitud). ¿Por qué tienen entonces el cuello tan largo ahora? No les crecieron nuevas vértebras, no. Tienen siete como el resto de los mamíferos (con la excepción de los perezosos que tienen entre cinco y diez, dependiendo de la especie, y los manatíes, que tienen seis). Lo que ocurrió con sus vértebras es que se hicieron más largas. Según las investigaciones más recientes, este proceso se produjo en dos etapas: en la primera, ocurrida hace unos siete millones de años, creció su vértebra C3 en dirección a la cabeza; y en la segunda, que tuvo lugar hará uno o dos millones de años, lo hicieron todas, esta vez en la dirección contraria, hacia los hombros. En la siguiente imagen podemos ver algunas de las especies ya extinguidas de la familia giraffidae. En la actualidad, solo quedan dos especies de esta familia: las jirafas modernas (Giraffa camelopardalis) y los okapis (Okapia johnstoni). Una aclaración a esta imagen: las especies que se muestran son solo algunas de las que se conocen, no están dibujadas a escala y no representan una línea de descendencia directa.

La que vemos en primer lugar, Canthumeryx sirtensis, vivió hace unos 16 millones de años. De ella surgieron dos ramas por evolución, una que llevó al okapi y otra a las jirafas. Este animal tenía ya las vértebras cervicales más largas que anchas. La que aparece en cuarto lugar en la imagen, Samotherium, vivió hace unos 7 millones de años. Su cuello tenía ya un metro de longitud (el cambio en la vértebra C3 ya se había producido).

Pero ¿qué es lo que hizo que las vértebras crecieran de esta manera? Los okapis, también de la familia de los jiráfidos, no desarrollaron un cuello tan largo. La respuesta está, por supuesto, en la evolución, pero ¿qué circunstancias fueron las que propiciaron dicho crecimiento?

Según las teorías actuales los cambios evolutivos se producen fundamentalmente debido a mutaciones y fallos en la replicación del ADN y a la recombinación de genes. Pero también en menor medida debido a procesos epigenéticos en los que es el medioambiente, la alimentación y otros factores los que producen que algunos genes se expresen o se dejen de expresar. ¿Qué es esto de expresarse o dejarse de expresar un gen? Una parte importante del ADN está «desactivado», por decirlo así: está ahí pero no influye en el funcionamiento o las características del ser vivo. Y el medioambiente o la alimentación, como decía, pueden hacer que algunos de estos genes pasen a estar activos (o pueden hacer que algunos que ya lo estén dejen de estarlo). En los individuos que se reproducen sexualmente, si esos cambios se producen en las células germinales (en sus óvulos y espermatozoides) se transmiten a la descendencia. Así pues, hay características que se pueden «adquirir», por decirlo así, durante nuestra vida y ser transmitidas a nuestros hijos. Aunque los genes ya estaban ahí, no nos olvidemos de eso. Algunos cambios causados por la epigenética no son menores: hay animales que cambian de sexo debido a factores epigenéticos, como puede ser la temperatura o la escasez de uno de los sexos en la población.

Antes de Darwin y Wallace, ya hubo quienes teorizaron sobre la idea de que las especies no son inmutables y que las que viven en la actualidad son el resultado de un proceso evolutivo. Como el filósofo musulmán Abu Usman Amr Bahr Alkanani al-Basri, más conocido por su apodo, al-Jahiz (‘ojos saltones’). A mediados del siglo IX, escribió lo siguiente en su obra El libro de los animales:

Los animales se involucran en una lucha por la existencia y los recursos, para evitar ser comidos y reproducirse.

[…]

Los factores ambientales influyen en los organismos haciendo que desarrollen nuevas características para asegurar la supervivencia, transformándolos así en nuevas especies

[…]

Los animales que sobreviven para reproducirse pueden transmitir sus características exitosas a sus descendientes.

Al-Jahiz, El libro de los animales (847-867)

Mucho tiempo después, a principios del siglo XIX, el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck expuso la primera teoría de la evolución del mundo moderno. Lamarck, en su obra Filosofía zoológica (1809), propugnaba que los individuos, para adaptarse a los cambios en su entorno, cambiaban. Afirmaba que eran cambios imperceptibles pero que, con el tiempo, si se mantenían las condiciones que los propiciaban, dichos cambios iban haciéndose más y más notorios. Hasta que la diferencia era tal que se podía considerar que nos encontrábamos ante una nueva especie.

No es una idea tan alejada de la de Darwin y Wallace, después de todo. Pero hay una diferencia importante. Según Lamarck, era la necesidad de adaptarse al entorno la que creaba un hábito que conducía a un cambio en el individuo. Cambio que este transmitía a su descendencia (lo que se denomina transmisión de los caracteres adquiridos), pero que era previo a la reproducción. Primero venía el cambio, en vida, del individuo, y después este cambio se transmitía a los descendientes cuando el ser vivo se reproducía. En el caso de la teoría de la evolución de Darwin y Wallace, no es el individuo el que cambia y transmite dicho cambio a sus descendientes: es una consecuencia de la reproducción, no anterior a ella como defendía Lamarck. Los hijos no son una copia exacta de sus padres. Pueden ser, por ejemplo, algo más altos o algo más bajos que ellos. Los hijos más altos, a su vez, cuando tengan descendencia, tendrán hijos algo más altos o algo más bajos que ellos… Si el cambio de que se trate representa una ventaja para los individuos, si les permite una mayor tasa de supervivencia y/o supone una ventaja a la hora de encontrar pareja y reproducirse, tendrán más probabilidades de tener descendencia a la que le transmitirán dicho cambio genético. En cuanto a si estos cambios se producen de forma gradual o bruscamente, en saltos, existen diferentes corrientes en el darwinismo actual, en las que no entraré ahora.

Cuando se explica la teoría de la evolución y se habla de Lamarck y Darwin, uno de los ejemplos que se suele usar es precisamente el del cuello de las jirafas.

La teoría de Darwin aplicada a las jirafas implica que un cuello más largo debió suponer una ventaja en algún momento (o en dos momentos, de hecho, ya que los cambios se produjeron en dos fases). ¿Qué tipo de ventaja? Hay tres teorías al respecto:

* la de quienes defienden que se debió a que podían alcanzar las partes más altas de las ramas de los árboles para alimentarse en momentos de sequía (resultando en que las que tenían el cuello algo más largo sobrevivían y se reproducían y las que lo tenían más corto no)

* la de los que creen que la ventaja estribaba en el ritual de apareamiento: los machos compiten por las hembras luchando entre sí moviendo la cabeza y golpeándose los cuellos, por lo que aquellos que lo tenían más largo, disfrutaban de cierta ventaja; o puede que los machos con un cuello más largo resulten más atractivos a las hembras (habrá que preguntarles).

* la más moderna de estas teorías defiende que la ventaja estriba en que un cuello más largo permite una mejor termorregulación; los defensores de esta teoría aducen que al estirar el cuello hacia el sol (es algo que se ve a las jirafas hacer habitualmente en los días calurosos), las jirafas reducen la superficie de la piel expuesta a los rayos solares y consiguen que su cuerpo se caliente menos.

En cuanto a Lamarck, este habla así de las jirafas en su libro:

Se sabe que este animal [la jirafa], el más alto de los mamíferos, vive en el interior del África, donde la región árida y sin praderas le obliga á ramonear los árboles. De este hábito, sostenido después de mucho tiempo, en todos los individuos de su raza, resultó que sus patas delanteras se han vuelto más largas que las de atrás, y que su cuello se ha alargado de tal manera, que el animal, sin alzarse sobre las patas traseras, levanta su cabeza y alcanza con ella a seis metros de altura.

Es decir, tienen el cuello así de largo debido al hábito, mantenido a lo largo de muchas generaciones, de estirarlo para alimentarse de las hojas de las copas de los árboles.

Pero si esto fuese cierto, las mujeres padaung de Birmania y las ndebele de Sudáfrica, que adornan sus cuellos con collares de hasta 25 centímetros o más (una tradición que viene de lejos), tendrían hijos e hijas con el cuello alargado, y hoy en día, después de siglos de mantener esta tradición, deberían tener un cuello de un metro de longitud sin necesidad de ponerse aro alguno (en realidad no tienen el cuello más largo, sino las clavículas comprimidas hacia abajo). Pero no es así, sus hijos no tienen el cuello más largo ni nacen con las clavículas hundidas en la caja torácica.

Me temo que los científicos de la imaginaria Universidad de Habsürdenn han metido la pata. A menos que consigan encontrar algún fósil de jirafa ancestral con unos aros metálicos alrededor del cuello, claro está.

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Conozca la respuesta a estas y muchas otras cuestiones y adéntrese en los entresijos de un museo de historia natural, las piezas que lo componen, las especies animales que pueblan sus salas y las anécdotas que jalonan su historia en este entretenido libro de divulgación.

«En estas páginas podrán ustedes sumergirse en las salas de los museos con la curiosidad de una niña y la sorpresa de un adulto.  Después de leerlo, estoy convencido de que querrán volver a visitarnos, para escudriñar de nuevo las vitrinas y comprobar que el mejor modo de aprender es dejar que vuele la imaginación.
Créanme: disfrutarán con cada página y, sobre todo, aprenderán muchísimo.  No dejen nunca de ser curiosos».

Santiago Merino Rodríguez
Director del Museo Nacional de Ciencias Naturales – CSIC

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Carmen

    Saco la conclusión de que en realidad nadie sabe con certeza por qué la jirafas tienen el cuello tan largo. Lo que tampoco sabemos es, por qué las mujeres birmanas, padaung continúan poniéndose tantos aros en el cuello, podríamos salir de dudas preguntándoles a ellas, aunque quizás deberíamos empezar por preguntarles a las mujeres occidentales, por qué se ponen tacones de aguja de quince centímetros desfigurándose los pies de por vida si así no van a caminar mejor y tampoco van a poder trepar a los árboles, al menos las jirafas consiguen alcanzar las ramas más altas de un árbol sin desfigurarse nada, las mujeres no pueden decir lo mismo, no hay más que ver sus pies al cabo de unos años, con juanetes y dedos montados unos sobre otros. Espero que alguien se ocupe de desvelar el enigma de los tacones por el bien de la humanidad.

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