La novela policíaca antes de Edgar A. Poe (II)

La novela policíaca antes de Edgar A. Poe (II)

En la segunda entrega de esta serie vamos a hablar de El Calibre, la primera obra literaria que cumple con las características propias del género detectivesco. La obra no ha sido nunca publicada en castellano, pero estoy realizando la traducción; la tendrás a tu disposición dentro de un par de semanas, de forma totalmente gratuita (durante un período de tiempo limitado). Si no te la quieres perder, suscríbete a este blog y recibirás una notificación por email en el momento en que se publique, para que te la puedas descargar.

En el artículo que inicia esta serie, analizábamos la primera novela protagonizada por un policía, Richmond: Escenas de la Vida de un Bow Street Runner, publicada en 1827 y escrita por un anónimo autor bajo el seudónimo de Tom Richmond. E intentábamos averiguar, como si fuésemos un detective más, quién pudo ser el autor de esta obra, publicada 14 años antes de que Edgar Allan Poe hiciese lo propio con su relato  Los asesinatos de la calle Morgue, considerada como la obra literaria fundadora del género de misterio o policíaco. Pero Richmond seguía el patrón de crimen, persecución y captura, no el de crimen, resolución y explicación (retrospectiva) característico de la novela de detectives.

Pero, en 1828, solamente un año después de la publicación de Richmond, se publica por entregas en Alemania un relato, de unas 40 páginas, titulado El Calibre. De los papeles de un detective, de Adolph Müllner. A diferencia de Richmond, en esta ocasión aparece ya el esquema de crimen, investigación y resolución característico de la narrativa de detectives.

Adolf Müllner

Adolf Müllner

Amandus Gottfried Adolf Müllner (18 de octubre de 1774 – 11 de junio de 1829) fue un crítico y poeta dramático alemán. Tras estudiar Derecho, comenzó a ejercer como abogado. Pero le encantaba el teatro, en el que se inició como actor, primero, y director más tarde. Poco después comenzó a escribir sus propias piezas teatrales. Durante años se dedicó a estudiar intensamente la lengua y la literatura francesas hasta que, a los 41, decide dedicarse íntegramente a la escritura, actividad que compagina con su trabajo como crítico teatral y literario para algunos periódicos.

Un año más tarde llega su primer gran éxito, La Culpa, un drama en cuatro actos que permanecería en cartel durante más de una década. Se convirtió más tarde en editor de una hoja literaria, fundó un periódico e incluso un teatro. Publicó una quincena de obras, teatro en su mayoría, siendo el principal dramaturgo alemán de un género de la época conocida como “tragedia del destino”.  Algunas de sus obras llamaron la atención del mismo Goethe, que se decidió a producirlas. En 1828 publica su relato El Calibre. De los papeles de un detective. Lo hace por entregas en el periódico del que era editor. Un año después se publica en forma de libro, el mismo año en que moriría de un derrame cerebral, a los 54 años de edad.

El Calibre

El relato es narrado en primera persona por un magistrado penal (lo que en España se conoce como juez instructor). Cuando comienza la historia, este se encuentra en su despacho, preocupado por una serie de robos cometidos en un bosque cercano a la localidad en la que ejerce su cargo. Incapaz de conseguir que las fuerzas del orden realicen una batida para localizar y detener al grupo de bandidos que se esconden en él, sueña, por paradójico que pueda parecer, con que alguno de esos robos termine en tragedia, para conseguir que se realice una batida y se capture a los ladrones. Su criado le despierta en ese momento de sus meditaciones, informándole de que se ha presentado un caballero que desea hablar con él. Se trata de un tal Ferdinand Albus quien, sumamente nervioso, le comunica que su hermano mayor acaba de ser abatido por el disparo de unos ladrones mientras cruzaban el bosque.

Pero hay algunos elementos en la historia de Ferdinand que no terminan de encajar. Entre ellos, la desaparición de su propia arma, a la que él mismo atribuye la desgracia, pues asegura que, de no haberla sacado de su funda al ver cómo su hermano era atacado por el ladrón, este no le habría disparado, causándole la muerte. La historia se complica en un enredo de dinero, amor y negocios. Ferdinand trabajaba para el señor Brand, un banquero judío padre de Mariane, una bella y brillante joven. Heinrich, el fallecido hermano de Ferdinand, pretendía casarse con ella, pero lo cierto es que Mariane y Ferdinand están enamorados. Este hecho, junto con la circunstancia de que Ferdinand sea es el único heredero de la fortuna de su hermano mayor, lo extraño de su relato sobre las circunstancias del atraco y la desaparición de su pistola, hacen que el juez albergue ciertas sospechas. Piensa que podría tratarse de un fratricidio, pero no dispone de pruebas. Finalmente, el comportamiento de Ferdinand y de Mariane le hacen desechar la idea. Se realizan batidas en el bosque con la intención de encontrar al asesino, pero la búsqueda resulta infructuosa.

Un año más tarde, Ferdinand, en la víspera de su boda con Mariane, se presenta ante el juez y, atormentado por la culpa, le confiesa la autoría del crimen, solicitando ser juzgado y castigado con la pena de muerte. El caso se reabre.

Y hasta aquí  puedo leer…

La novela de Müllner se encuentra a caballo entre el romanticismo y la narrativa de detectives. Con su virtuosismo literario, Müllner sabe adecuarse al gusto literario de su época, con una dramática puesta en escena de los personajes. Mariane es, además, un personaje adelantado a su tiempo, una mujer brillante que muestra una emancipación inusual para su época. Y Ferdinand, por su lado, se corresponde con el arquetipo del romántico, un personaje que se deja llevar por la tragedia y el melodrama.

Esta novela, publicada 13 años antes del famoso relato Los asesinatos de la calle Morgue de Edgar A. Poe, contiene algunos elementos característicos del género de misterio. Por un lado, sigue el esquema de crimen, investigación y resolución, desconocido hasta  entonces, y por otro, muestra ya lo que se convertiría en muchas novelas futuras de este género en un patrón: la existencia de un compañero de fatigas del investigador, como en el caso de Sherlock Holmes y el Dr. Watson. En el caso de El Calibre, el compañero del juez instructor es el D. Rebhahn, el abogado defensor de Ferdinand. No obstante, el proceso deductivo característico del investigador de las novelas de detectives es, en esta novela, relativamente corto, y el desenlace el fruto, en parte, del azar.

Otra característica que hace que este relato se adelante a su tiempo es que el personaje del juez instructor no es un investigador frío y certero. Es alguien que comete errores y que, además, se ve involucrado emocionalmente en la trama, ya que se establece una relación de amistad con Ferdinand y Mariane, una relación que se hace extensiva a sus familias. Por no decir que, de alguna manera, está enamorado de la joven. Y me atrevería a decir que a pesar de ser el juez encargado de la investigación, su papel es más el de un Dr. Watson que el de un Holmes, papel que, visto el desenlace de la trama, podría asignarse al Dr. Rebhahn, el abogado defensor.

La trama pone además en cuestión la validez de los sistemas legales de Alemania de aquella época para dilucidar la culpabilidad o inocencia de un acusado.

¿Será Ferdinand culpable o inocente?

Si quieres averiguarlo y leer la primera edición en castellano de este relato, de forma totalmente gratis, suscríbete a mi boletín de noticias.

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Mari carmen

    Lo poco k e leído me a encantado

    1. Gracias, Mari Carmen. Pronto estará disponible la versión traducida al castellano.

  2. María Jesús Guerrero

    Al igual que la primera parte, esta también me ha encantado, aumentando mi intriga. Me hubiera gustado seguir leyendo.
    Ya espero la siguiente!!!!!

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